La entrega incondicional…   Leave a comment

Una vez un samurái zen, un guerrero zen, volvió a casa del frente antes de lo previsto y se encontró a su criado haciendo el amor con su esposa. Siendo un hombre de zen le dijo a su criado:


    -No te preocupes, acaba tu trabajo. Te espero fuera. Tendrás que agarrar una espada con las manos y luchar conmigo. Está bien todo lo que está pasando. Te espero fuera.

    El pobre criado se echó a temblar. Ni siquiera sabía cómo agarrar la espada, y su amo era un guerrero famoso; le iba a cortar la cabeza de un solo golpe. Por eso salió corriendo por la puerta trasera a ver al maestro zen, que también era maestro del guerrero. Le dijo al maestro:
    -Me he metido en un lío. Es culpa mía, pero ha sucedido.

    El maestro escuchó su historia y dijo:
    -No hace falta que te preocupes. Te enseñaré a sujetar la espada, y también te voy a decir que no importa que tu amo sea un gran guerrero. Lo que importa es la espontaneidad. Y tú serás el mejor en espontaneidad, porque parece que él está confiado: ni se plantea que este criado vaya a sobrevivir. Será casi como un gato jugando con un ratón. Por eso no te preocupes. Sé total, y golpéale fuerte porque esa es tu única oportunidad de vivir, de supervivencia. Por eso no vayas a medias, no te supedites pensando que quizá te vaya a perdonar. Nunca te perdonará; tienes que luchar con él. Le has provocado y desafiado. Pero no pasa nada, puedo ver que acabarás ganando.

    El criado no podía creérselo y el maestro dijo:
    -Deberías entender que también soy su maestro y sé que va a reaccionar de acuerdo a su entrenamiento. Sabiendo que va a ganar, no puede ser incondicional; y a ti no te queda más alternativa que ser incondicional. Sé total. No sabes dónde ni cómo golpear, por eso golpéale en cualquier parte. ¡Vuélvete loco!

    El criado dijo:
    -Si tú lo dices, así lo haré. En realidad, no tengo ninguna posibilidad de sobrevivir; entonces, ¿por qué no hacerlo totalmente?
    Viendo que llegaba el momento, aprendió a sujetar la espada, regresó y desafió a su amo:
    -¡Venga, vamos!
    El samurái no se lo podía creer. Estaba pensando que su criado caería a sus pies llorando y gimiendo y diría:
    -¡Perdóname!
    Pero, en vez de eso, el criado rugía como un león y ¡tenía la espada de su maestro zen! Reconoció la espada y le dijo:
    -¿De dónde la has sacado?
    El criado respondió:
    -De tu maestro. Venga, vamos, decidamos esto de una vez por todas. Uno de los dos sobrevivirá, pero los dos no.
    El samurái sintió un pequeño temblor en su corazón, pero siguió pensando todavía:
    -¿Cómo es posible? Son años de aprendizaje… He estado luchando en guerras durante años, y este pobre criado…
    Pero tuvo que sacar su espada.

    El criado se volvió totalmente loco. No sabiendo dónde golpear, golpeaba en todas partes…. El samurái estaba en desventaja porque podía pelear con cualquier guerrero que supiera pelear, pero este hombre no sabía nada y ¡estaba haciendo todo tipo de cosas! El criado le empujó contra el muro, y el samurái tuvo que decirle:
    -Por favor, perdóname. Me vas a matar. No sabes luchar, ¿qué estás haciendo?
   

El criado dijo:
    -No se trata de hacer. Son mis últimos instantes; voy a hacerlo todo con totalidad.
    El criado se convirtió en el vencedor, y el guerrero también fue al maestro y dijo:
   -¿Qué milagro has hecho? En cinco minutos se convirtió en un gran guerrero, y estaba dando tales golpes, de una forma tan estúpida, que me podía haber matado. No sabe nada pero me podía haber matado. Me arrinconó contra el muro de mi casa, me puso su espada contra mi pecho. Le tuve que pedir perdón y le tuve que decir que estaba bien lo que había hecho y que podía continuar.
   

 El maestro le dijo:
    -Tienes que aprender una lección; finalmente, lo que importa es la totalidad, la incondicionalidad absoluta…, es igual que traiga la victoria o la derrota. Lo que importa es que este hombre era total, y que un hombre total nunca es derrotado. Su totalidad es su victoria.

Medita sobre esto…

Publicado junio 30, 2008 por danny en Historias para meditar

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