Ajustando las Velas   1 comment

 

Cortesia de farm3.static.flickr.com

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El pesimista se queja del viento.

 

El optimista espera que cambie.

El realista ajusta las velas

Guillen George Ward.
Los momentos de tormenta forman parte de la travesía del vivir. Pensar en la posibilidad de una vida sin la irrupción de inesperadas ventiscas y sin cielos en los que, de pronto, aparecen negros nubarrones, es ignorancia de las leyes de la naturaleza.

El río fluye entre las orillas del placer y del dolor. Un diseño existencial que se basa en el contraste y que cuando la mente humana lo asume y acepta, resulta tan interesante como navegable. El arte de vivir es el arte de saber desplegar las velas para neutralizar el sufrimiento y, sin embargo, aceptar el “dolor natural” que se desprende de determinadas experiencias. La matriz de esta inteligencia se basa en la adopción de actitudes diversas ante la insospechada perturbación. Unos optan por la queja estéril y debilitadora que niega la propia capacidad de superación. Otros, prefieren transferir sus talentos como navegantes y tras abandonar el timón se dirigen a los cielos para negociar cambios en los truenos y en el viento. Cuando la tormenta estalla y los truenos rompen el firmamento, de nada sirve la queja; pues crea una atmósfera de inutilidad personal e intoxica nuestro inconsciente.

Cuando el momento que uno vive es difícil, bien sea por las tormentas o por atravesar estrecheces en la Tierra, sabemos que, tras cada paso, contamos con un gran aliado que corre a favor del sosiego: el tiempo. Somo conocedores de la transitoriedad de las cosas y del constante cambiar. Cada minuto abordado con coraje es un minuto de victoria. No se trata de optimismo y pesimismo, sino de alcanzar la competencia emocional suficiente como para mantener el discernimiento y adoptar medidas de plena eficacia.

En los tiempos de tormenta, la mente tan sólo enfoca allí donde se requiere apoyo, acción inteligente y soluciones inmediatas. En la medida que uno supera los golpes de las primeras olas y ajusta el rumbo de las velas ante los vientos que soplan, el corazón se vacía de “ilusiones” mientras aplica remedios eficaces y rápidos en plena contienda. Tal vez no sea tiempo de opinar, ni tan siquiera de tratar de divagar y comprender, sino de actuar. Más tarde, cuando la tormenta se aleje y el horizonte se despeje, será el tiempo de respirar profundo, de sentir el silencio y de dar gracias. En realidad, es entonces cuando corroboramos que el viento, las olas y los truenos corren a favor del navegante cuando sabe navegar.

Publicado enero 16, 2009 por danny en Ojo Crítico

Una respuesta a “Ajustando las Velas

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  1. es muy lindo lo voy a recomendar a mis amigos.

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