Codependencia y Niño Interior   1 comment

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Todos anhelamos tener relaciones sinceras, íntimas y nutritivas. Pero nos cuesta crearlas y sobretodo mantenerlas vivas y armónicas, porque cuando nos abrimos a alguien, antes o después, se manifiestan nuestras heridas, inseguridades, máscaras y carencias más profundas. A esta dinámica la llamamos co-dependencia.  Esta es una herida en el Ser que genera desconfianza y desamor; una desconexión con nuestros sentimientos profundos y nuestras necesidades auténticas que nos impide querernos, escuchar a nuestro guía interior y crear verdadera intimidad. El origen de nuestra co-dependencia reside en las experiencias no integradas de nuestra infancia que de adultos proyectamos inconscientemente en nuestros amantes, amigos y familiares. Experiencias que nos marcaron y que nos condicionan negativamente en forma de: miedos, bloqueos, sentimientos de vergüenza y desvalorización, culpabilidad o irritabilidad, que nos asaltan en la vida cotidiana, secuelas por haber sido juzgados, menospreciados, anulados, invadidos, abusados o abandonados física o emocionalmente en el pasado y que tiñen de necesidad, desconfianza y desamor nuestra existencia.
Sin un entendimiento sobre las pautas que rigen nuestra forma de relacionarnos y en cómo abordarlas, a menudo nos perdemos en conflictos, luchas de poder, sentimientos de traición, abandono o desconfianza que conducen a la incomunicación, el distanciamiento y eventualmente a la ruptura.
 Afecta a la sexualidad, merma la vitalidad y la expresión de nuestra creatividad. Hace que tratemos de llenar nuestras carencias con alguien, que repitamos patrones que desembocan en relaciones cargadas de angustia, control, falta de comunicación, superficialidad, rechazo o dependencia. O nos impulsa a aislarnos, a no crear lazos profundos de amor y amistad.            

Sanación del Niño Interior

Detrás de la personalidad de adulto tenemos una base emocional muy vulnerable y sensible marcada por las experiencias traumáticas de nuestra infancia. A esta parte de nuestro interior la llamamos: el niño/a interior. En nuestra vida cotidiana el niño interior percibe y interactúa con el mundo que le rodea dirigiendo inconscientemente nuestras emociones y nuestro comportamiento.

El desconocimiento, la negación o la minimización de nuestro niño interior herido -de nuestra base emocional- , hace que atraigamos personas o circunstancias que no colman nuestras expectativas, que a menudo nos sintamos rechazados o traicionados, que desarrollemos relaciones que generan dependencia, desconfianza, resentimiento, sentimientos de culpa o impotencia. O que tratemos de aliviar nuestra frustración o inseguridad con comportamientos adictivos, encerrándonos en nuestro propio mundo, refugiándonos tras una coraza que aumenta la sensación de soledad o vacío.

 

Creando las bases para el amor

A pesar de nuestro esfuerzo por ser racionales y positivos, ante ciertas personas o situaciones se despiertan en nosotros viejos miedos e inseguridades que nos desbordan, sentimientos de desvalorización que nos sabotean o empequeñecen, voces interiores que nos juzgan, haciéndonos sentir incapaces, culpables o defectuosos, alimentando la autocrítica destructiva, el miedo al rechazo y la sensación de que no merecemos, de que nunca conseguiremos aquello que queremos o necesitamos.

O adoptamos roles donde pretendemos ser algo que no somos, disfrazándonos de falsa seguridad, como si nada nos afectase, aunque en nuestro interior sintamos miedo, dolor o necesidad. Estos roles no nos ayudan, nos impiden evolucionar, nos alejan de nosotros mismos y de los demás. Cierran las puertas de nuestro corazón: la posibilidad de ser auténticos, de sentirnos queridos y aceptados por ser quién somos realmente.

           
Aprendiendo el lenguaje del amor

Venimos al mundo receptivo, abierto e inocente, con la capacidad de amar y confiar. Pero poco a poco nuestra confianza en el otro y en la vida en general se resiente y nuestro corazón se cierra; porque no nos sentimos entendidos, aceptados, respetados o vistos como en realidad somos, o tenemos miedo a diluirnos en el otro, a ser poseídos o absorbidos si nos abrimos.  Y consecuencia de ello continuamente saboteamos el amor con viejos hábitos: reaccionando compulsivamente, exigiendo, culpabilizando, cortando la comunicación, aislándonos, siendo deshonestos…Aprender a amar es aprender a confiar de nuevo. Para comprender y disolver los patrones que están impidiendo el amor tenemos que entrar en contacto con nuestro niño interior, con esa parte interior vulnerable y sensible que no recibió suficiente amor –que nunca se siente suficientemente amado/a–, que desconfía del otro porque para recibir un poco de amor tuvo que traicionarse, que ser o hacer lo que otros esperaban de él/ella. O decidió aislarse y prescindir del amor por temor a sentirse otra vez invadido/a, sofocado/a o anulado/a. 

Muchos de nosotros hemos sido tantas veces invadidos que cuando nos invaden nos parece normal, (y tampoco reconocemos cuando invadimos a los demás). Algunos incluso invitamos a que nos invadan porque creemos que así conseguiremos el amor que necesitamos.La amistad y la intimidad son una gran oportunidad. Si traemos más consciencia y responsabilidad a nuestras relaciones, éstas nos brindan la posibilidad de abrirnos, conocernos, compartir, expandirnos, crecer y sanarnos internamente.

La confianza es nutritiva. Sin confianza permaneces hambriento. La confianza es el nutriente más sutil de la vida. Si no confías no puedes vivir realmente. Siempre tienes miedo…

“Si has vivido una infancia llena de amor y confianza, te forjas una buena imagen de ti mismo. Si tus padres se han amado profundamente el uno al otro y estaban felices contigo porque tú eras la culminación de su amor, la realización de su amor; si estaban profundamente enamorados, entonces tú eres la música que nace de su amor. Tú eres su creación: se sienten dichosos de tenerte. Te aceptan. Y te aceptan como eres. Incluso si tratan de ayudarte, te ayudan de una forma muy amorosa. Si alguna vez te dicen “No hagas esto”, no te sientes ofendido, no te sientes insultado, te sientes cuidado.Pero cuando no hay amor y el padre y la madre no paran de decir “No hagas esto,” “Haz eso,” poco a poco el niño aprende: “no soy aceptado como soy. Si hago ciertas cosas, me quieren. Si no hago ciertas cosas, no me quieren. Si hago otras cosas, me odian.”

El niño empieza a encogerse. Su ser puro no es aceptado y amado. El amor es condicional; la confianza se pierde. Entonces nunca será capaz de tener una buena imagen de si mismo. Porque es en los ojos de la madre donde te ves reflejado por primera vez. Si ves felicidad, alegría, emoción, un gran éxtasis al mirarte, sabes que eres valioso. Entonces es fácil confiar, es muy fácil entregarte, porque no tienes miedo…

Pero si te cuesta confiar, entonces tienes que mirar el pasado. Tienes que ir profundamente en tus memorias. Tienes que rememorar tu pasado. Tienes que limpiar tu mente de las impresiones del pasad. Debes tener mucha basura del pasado. Descárgala.

Esta es la llave para hacerlo: ves al pasado, no solo como una memoria, revívelo. Haz de ello una meditación. Trata de descubrir todo lo que sucedió en tu infancia. Cuanto más profundo vayas, mejor. Porque estamos ocultando muchas cosas que sucedieron y así no dejamos que afloren, que salgan a la consciencia. Permite que afloren a la luz.”
OSHO 

publicado octubre 27, 2007 por danny

Una respuesta a “Codependencia y Niño Interior

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  1. Sin duda, una muy buena reflexión, a veces es dificil identificar cual es el límite entre lo normal y aquello que ya pasó esa barrera; pero considero que a pesar que uno ha identificado las cosas dolorosas del pasado, a perdonado e incluso aparentemente las superado, es muy dificil dejarlo fuera de tu vida, es muy dificil lograr la curación, pues se manifiesta en alguna medida en la vida de pareja quizá ya no tan nociva o evidente que antes, sin duda la más dificil lucha es la que se libra con uno mismo, sin embargo, vale la lucha!!! pues lo más valioso es que ya estas consciente de que estas en una lucha contigo mismo o misma, pero para ser mejor.

    Siempre es bueno recodar, y saber en que dirección vas

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