Investigando posibles explicaciones   Leave a comment

No hay duda que el Discípulo Amado en la versión canónica del Cuarto Evangelio es un discípulo masculino anónimo. Todavía, como hemos visto, las escrituras de la Biblioteca de Nag Hammadi reflejan una tradición fuerte que, en varias ocasiones, nombra a María Magdalena como la discípula que Jesús quería mucho. ¿Cómo se explica esta contradicción extraña? Hay solamente tres explicaciones posibles para esto:

1) No hay conexión cualquiera entre el Cuarto Evangelio y las escrituras Gnósticos citados aquí. Ellos reflejen simplemente dos diversas tradiciones que citan a dos diversas personas como el discípulo favorito de Jesús. Esto es simplemente una coincidencia.

2) La explicación de Brown: Los escritores de los evangelios Gnósticos eran influenciados por la ilustración, en el Cuarto Evangelio, que representa a María Magdalena como una testigo extraordinario al Cristo Resucitado. Esta representación de María Magdalena inspiró a los escritores Gnósticos a nombrarla como la discípula que Jesús quería mucho y la receptora principal de la revelación de la Resurrección (Brown 1979: 154). Es decir, los escritores Gnósticos se inventaron una tradición que nombraba a María Magdalena como la Discípula Amada en respuesta a lo que habían leído en el Cuarto Evangelio. En este escenario, el Cuarto Evangelio canónico es más antiguo que los tradiciones reveladas en las escrituras de Nag Hammadi.

3) Mi tesis: La versión del Cuarto Evangelio ante-canónico nombró claramente a María Magdalena como la discípula que Jesús quería mucho, así como las escrituras Gnósticas dicen todavía. Las escrituras Gnósticas reflejan una dependencia sobre el texto del Cuarto Evangelio ante-canónico que los “Secesionistas” trajeron a los grupos Gnósticos después de la cisma (Brown 1979: 149). El resto de la comunidad, los “Cristianos Apostólicos” de Brown, también tenían el mismo texto del Cuarto Evangelio ante-canónico. Ellos, sin embargo, redactaron su texto para hacerlo más aceptable a la iglesia institucional emergente que ellos deseaban ensamblar. Ellos eliminaron todas su referencias a María Magdalena que la nombraban como siendo fundadora de su comunidad. Ellos, en vez de eso, hicieron referencias hechas en el texto a un “Discípulo Amado,” y convirtieron la Discípula en un hombre anónimo. En dos segmentos del texto, ellos tratan en su redacción de hacer que el Discípulo Amado y María Magdalena se parecen a ser dos diversos individuos por tenerlos apareciendo junto en las mismas escenas. (Defectos estructurales dentro de esos dos segmentos, discutidos más a fondo aquí, demuestran esto.) Hicieron esto porque ellos sabían que los líderes de la iglesia no validarían la autenticidad de un Evangelio escrito por una mujer. Como Brown ha observado: “La aceptación del (Cuarto) Evangelio en el canon…ocurrió solamente con el precio de un aseguramiento que tenía él orígenes apostólicos” (1979: 149). Y, en la opinión de esos líderes de la iglesia institucional, el ministerio de ninguna mujer podría ser apostólico.

De las tres explicaciones posibles, es el tercero que es la más plausible.

La primera explicación puede ser refutada fácilmente. Hay lo más ciertamente una conexión entre el Cuarto Evangelio y las escrituras Gnósticos citados aquí. La investigación de Brown muestra que la mayoría de la Comunidad Joánica (los Secesionistas) se tomaron una versión ante-canónico del Cuarto Evangelio con ellos a los Docetistas, los Montanistas, y los Gnósticos (1979: 149). Además de esto, como hemos visto, el Cuarto Evangelio era muy popular entre los Gnósticos bien antes de su aceptación y canonización por la iglesia institucional (Perkins: 946). Y Brown observó que hay “evidencia abundante de la familiaridad con las ideas Joánica” en las escrituras Gnósticos de Nag Hammadi (1979: 147). Había obviamente mucho contacto entre la Comunidad Joánica y los grupos Gnósticos muy temprano. Por lo tanto, no puede ser mera coincidencia que citan a María Magdalena en las escrituras Gnósticos como “la discípula que Jesús quería más” en mucho la misma manera que el discípulo masculino anónimo se cita como tal en el Cuarto Evangelio. Las semejanzas son muy obvias para despedir como sin relación.

Para refutar la segunda explicación, la explicación de Brown, debemos de analizar cuidadosamente la evidencia interna que apoya mi tesis.

publicado diciembre 6, 2007 por danny

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