La evidencia externa   Leave a comment

Hoy, la mayoría de los eruditos bíblicos, Católicos y Protestantes, afirman que San Juan de Zebedeo no escribió el Cuarto Evangelio. Atribuyen la profesión de autor al Discípulo Amado “anónimo.” Así pues, si la evidencia que señala a Juan como el autor de este Evangelio es tan débil ¿cómo, entonces, es que este libro se conoce universalmente como el Evangelio de Juan?  El Cuarto Evangelio fue validado inicialmente por Cristianos “heterodoxos” más bien que “ortodoxos” (Brown 1979: 147). El comentario más viejo sabido sobre el Cuarto Evangelio es el del gnóstico Heracleón (d. 180).

Los Gnósticos Valentinios se apropiaron el Cuarto Evangelio tanto que Ireneo de Lyon (d. 202) tuvo que refutar su exégesis de él. Brown observa la conexión entre el Cuarto Evangelio y los Gnósticos Cristianos temprano cuando él escribe que hay “abundante evidencia de la familiaridad con las ideas Joánica en…la Biblioteca Gnóstica de Nag Hammadi” (1979: 147). En contraste con esto, Brown precisa que el uso claro del Cuarto Evangelio en la iglesia temprana por Cristianos “ortodoxas” es difícil de probar (1979: 148). Esto parecería sugerir que el contenido del Cuarto Evangelio, en una época, no era atractivo a los Cristianos “ortodoxos” pero muy atractivo a los Cristianos Gnósticos por alguna razón. De hecho, el uso “ortodoxo” incuestionable más temprano del Cuarto Evangelio fue por Teófilo de Antioquía, c. 180 A.D., en su Apología a Autolycus.

Esta fuerte conexión entre el Cuarto Evangelio y los Cristianos Gnósticos proporcionan ayuda significativa para mi tesis. Fueron calificados como heréticos por la iglesia emergente institucional muy temprano en la historia eclesiástica. De significación a este estudio está lo siguiente: Muchos grupos Gnósticos practicaron igualdad radical. Creyeron que Dios actuaba y se comunicaba a través de tanto los hombres como las mujeres. Tanto hombres como mujeres eran líderes y profetas en sus comunidades.

Muchos hombres, incluyendo ésos en la iglesia, se sintieron amenazados por ellos.  La popularidad del Cuarto Evangelio entre los Gnósticos le hizo importante para la iglesia temprana a perseguir la cuestión de su profesión de autor apostólica (Perkins: 946). Era Ireneo que defendió la apostolicidád del Cuarto Evangelio citando la tradición que circulaba en Asia Menor que, él afirmó, conectó a Juan de Zebedeo al Cuarto Evangelio. El testimonio de Ireneo, sin embargo, es evidencia muy tenue para establecer a Juan de Zebedeo como el autor del Cuarto Evangelio. En primer lugar, resultó que Ireneo confundió a Juan de Zebedeo con un presbítero de Asia Menor que también se llamaba Juan. En segundo lugar, Ireneo afirmó que él consiguió su información sobre la profesión de autor Joánica del Cuarto Evangelio de Polycarp (d. 156), obispo de Smyrna, cuando Ireneo era un niño (Perkins: 946). ¡La tradición de la iglesia que estableció a Juan como autor del Cuarto Evangelio fue basado, sobre todo, en recuerdos de la niñez de Ireneo! Está principalmente por esta razón, en ausencia de evidencia además de esto, que la mayoría de los eruditos bíblicos afirman hoy que Juan no era el autor del Cuarto Evangelio.  

La investigación de Brown revela que la comunidad se dividió en dos debido a un desacuerdo cristológico interno. La mayoría de la comunidad, a quienes Brown refiere como los Secesionistas, defendieron la cristología alto de su comunidad y se gravitaron al Docetismo, al Montanismo, y al Gnosticismo (Brown 1979: 149). El resto de la comunidad, a quienes Brown refiere como los Cristianos Apostólicos, fueron amalgamado en la iglesia institucional emergente.

Los Cristianos Apostólicos se validaron como creyentes “ortodoxos” porque estaban dispuestos a modificar sus creencias cristológicos para conformarsen con las enseñanzas de la jerarquía de la iglesia institucional emergente. Los Secesionistas, la mayoría de la Comunidad Joánica, fueron rápidamente nombrados como “heréticos” por la iglesia porque no hicieron tales modificaciones. Esta cisma ocurrió antes de la redacción canónica final del Cuarto Evangelio. La redacción final que tenemos hoy es la obra de un editor que perteneció al grupo que se alineó con la iglesia institucional. Ambos grupos, sin embargo, tomaron sus versiones ante-canónicos del Cuarto Evangelio con ellos después de la cisma y los declararon como suyos propios (Brown 1979: 149).  

Mi hipótesis incluye la aserción que, esta versión ante-canónica del Cuarto Evangelio claramente identificó a María Magdalena como “el Discípulo Amado.” Los Secesionistas, como Brown los llama, preservaron la tradición de la Magdalena como la Discípula Amada — la fundadora y héroe de su comunidad. Los Secesionistas trajeron su tradición con ellos a varios grupos Gnósticos. Esto explica la identificación de María Magdalena como la Discípula Amada en varios antiguos documentos gnósticos de una recopilación de literatura conocida como la Biblioteca de Nag Hammadi.  

Los Cristianos Apostólicos, por otra parte, se alinearon con la iglesia institucional. Los líderes de la iglesia institucional ejercieron presión sobre ellos para suprimir, entre otras cosas, su tradición afirmando que una mujer era su fundadora y líder anterior. El resultado final de esta supresión es el Cuarto Evangelio como lo tenemos hoy.  El contorno siguiente hace una lista de los acontecimientos que resulto en la difusión de la versión ante-canónica del Cuarto Evangelio a ambos Cristianos “heterodoxos” y “ortodoxos.” Se basa en el contorno de Brown (1979: 166) sobre la historia de la Comunidad Joánica:  

PRIMERA ETAPA — (medio-50s a último 80s A.D.): María Magdalena conduce al grupo original de la comunidad. Ella es estimada altamente como la testigo primaria a la Resurrección de Cristo. Hasta los creyentes que no pertenecen a esta comunidad en particular la reconocen como tal. La conocen, muy temprano, como la compañera de Jesús, y la discípula que Jesús quería mucho. Una parte esencial de su proclamación del evangelio es el hecho que María Magdalena era la primera persona que comprendió la revelación del Cristo Resucitado.  

SEGUNDA ETAPA — (c. 80-90 A.D.): A este punto, la comunidad tiene una versión de su Evangelio, escrito u oral, que incluye la tradición que María Magdalena era su fundador, héroe, y líder. María Magdalena está probablemente difunta por este tiempo. Hay un cisma en la comunidad que es más probable el resultado de un conflicto interno sobre su cristología alto. Dividen a la comunidad en dos grupos que Brown llama los Secesionistas y los Cristianos Apostólicos.  

TERCERA ETAPA — (c. 90-100 A.D.): Los Cristianos Apostólicos: Ya que la iglesia esta creciendo en una institución más ordenada, este grupo es temeroso del destierro y la persecución. Buscan la amalgamación con los líderes de la iglesia institucional emergente. La afirmación que una discípula femenina de Jesús había sido la primer líder de su comunidad y su héroe se hace rápidamente en una vergüenza. Necesitan obscurecer ese hecho si esperan ser validados por los líderes masculinos de la iglesia ordenada creciente. Un redactor en esta comunidad formula de otra manera su Evangelio para hacerlo constante con este oscurecimiento. El resultado de esta redacción es el Cuarto Evangelio canónico como lo tenemos hoy.  Los Secesionistas: Son los más grandes de los dos grupos. Se aferran a su tradición que cite a María Magdalena como la Discípula Amada de Jesús.

Muchos miembros de esta comunidad llevan esta tradición a varios grupos Gnósticos. Su identificación de María Magdalena como la discípula que Jesús quería mucho se refleja en las escrituras Cristianas Gnósticos de Nag Hammadi — e.g., el Evangelio de Felipe y el Evangelio de María.  La evidencia que conecta la profesión de autor del Cuarto Evangelio a María Magdalena se encuentra en las escrituras Gnósticas de la Biblioteca de Nag Hammadi. De interés particular son el Evangelio de Felipe y el Evangelio de María (refiriendo a la Magdalena).  La Biblioteca de Nag Hammadi fue descubierta en 1945 en la vecindad de Nag Hammadi en Egipto.

Mucho se ha escrito sobre él desde su publicación en los medio-1970s. Esta biblioteca consiste en manuscritos Cópticos del cuarto siglo que son copias de manuscritos escritos originalmente en Griego. Estos manuscritos pertenecieron a los Cristianos Gnósticos. La mayoría de los eruditos citan al medio-segundo siglo como la fecha plausible más temprana de la composición de estos documentos. Sin embargo, algunos de los documentos son dichos por algunos como haber sido escrito en los últimos años del primer siglo — haciéndolos contemporáneos con los Evangelios del Nuevo Testamento (Haskins: 34). No es posible exagerar la importancia de este descubrimiento en 1945.

Miremos algunos extractos importantes de la Biblioteca de Nag Hammadi. Este primer segmento viene a nosotros del Evangelio de Felipe: 

** Y la compañera del [Salvador es] María Magdalena. [Pero Cristo quería] a   ella más que [todos] los discípulos [y] la besaba [a menudo] en su [boca]. El   resto de [los discípulos eran ofendido] por él [y expresaron su   desaprobación]. Les dijeron a él, “¿Porqué usted quiere a ella más que todos nosotros?” El Salvador les contesto y les dijo a ellos, “¿Porqué no les quiero de la manera que quiero a ella? Cuando un hombre ciego y uno quién ve están ambos junto en oscuridad, no hay diferencia entre uno y el otro. Cuando viene la luz, después él que ve verá la luz, y el ciego permanecerá en la oscuridad” (NHC II.3.63.32ff) (Robinson 1977: 138).

** Hubieron tres quién andaron siempre con El Señor: Maria su madre y su   hermana y Magdalena, la quién fue llamada su compañera. Su hermana y su madre  y su compañera eran cada cual una María (NHC II.3.59.6-11) (Robinson 1988: 145).

El Evangelio de María (que refiere a la Magdalena) dice lo siguiente:   

** Pedro le dijo a María, “Hermana, sabemos que el Salvador te quería a ti más que el resto de las mujeres. Díganos las palabras del Salvador cuáles usted se  recuerda — cuáles usted sabes pero nosotros no, ni las oímos.” María le  contesto y dijo, “Lo que se oculta de ti, yo te lo proclamaré.” (NHC BG 8502,1,10,1-8) (Robinson 1988: 525).

** A este punto en el texto, María Magdalena les dice a Pedro, Andrés, y Levi de sus visiones del Cristo Resucitado y de sus conversaciones con el Señor. Estas visiones revelan algo que ella le refiere como Las Siete Potencias de la Cólera (NHC BG 8502,1,16,12-13) (Robinson 1988: 526). Después que ella concluya su discurso sobre sus revelaciones del Señor, los hombres discuten acerca de si deben de validar la autenticidad de la visión de la Magdalena.  

**Cuando María tenía dicho esto, ella se quedo silencioso, porque fue hasta  este punto que el Salvador le hablo. Pero Andrés les contesto y dijo a los hermanos, “Opinas lo qué ustedes (desean) sobre lo que ella ha dicho. Yo, por lo menos, no creo que el Salvador ha dicho esto. Por cierto éstas enseñanzas son ideas extrañas.” Pedro contestó y hablo referente a estas mismas cosas. Él les pregunto sobre el Salvador: “¿Él realmente habló con una mujer sin nuestro conocimiento (y) no abiertamente? ¿Debemos de retroceder y todos escuchar a ella? ¿Él la prefirió a nosotros?”    Después Maria lloró y le dijo a Pedro, ¿“Mi hermano Pedro, qué piensas usted? ¿Usted piensas que yo me inventé esto en mi propia corazón, o que estoy mintiendo sobre el Salvador?” Leví contesto y le dijo a Pedro, “Pedro, usted siempre a sido irascible. Ahora le veo en contención en contra de la mujer como a los adversarios. Pero si el Salvador la hizo digna, quien eres usted, de veras, para rechazarla? El Salvador la conoce seguramente muy bien. Ése es porqué él la quería más que nosotros. Debemos de estar avergonzados y ponernos el hombre perfecto y adquirirlo para nosotros mismos como él nos ordenó, y anunciar el evangelio, no añadiendole ninguna otra regla u otra ley más allá de lo que el Salvador nos ha dicho.” Cuando […] y ellos comenzaron a ir adelante [a] proclamar y predicar. (NHC BG 8502.1.17.7ff) (Robinson 1988: 526-527).

** Por alguna razón, hay cuatro páginas que faltan de la cuenta de sus revelaciones en el texto existente. En todos, diez de las diecinueve páginas del Evangelio de María faltan (Robinson 1988: 524, 526).  Claramente, estos segmentos establecen como hecho incuestionable que, por lo menos en algunas comunidades gnósticos antiguos, conocieron a María Magdalena como haber sido la Discípula Amada y la compañera del Señor. La nombran en varias ocasiones como la discípula que Jesús quería lo más. Esto se parecería contradecir la aserción en el Cuarto Evangelio que el fundador masculino de la Comunidad Joánica es “el discípulo a quien Jesús quería mucho” (Juan 13:23). ¿Cómo pueden haber dos tradiciones fuertes que identifican dos distintas personas como siendo el discípulo quién Jesús quería lo más? Esto comienza a tener sentido solamente si exploramos la posibilidad que, en realidad, ambos tradiciones están refiriendo al mismo discípulo.

publicado diciembre 6, 2007 por danny

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