La evidencia interna   Leave a comment

Según lo indicado previamente, una aserción mía importante es que un redactor encubrió cuidadosamente la identidad de María Magdalena como la Discípula Amada, refiriéndole solamente como un discípulo anónimo. Así como el redactor formuló de otra manera los siete segmentos, ya citados, cuales refieren al Discípulo Amado, él simplemente cambió cualquier referencia a María Magdalena substituyéndolas con referencias anónimas al Discípulo Amado o a “otro discípulo.” Para la mayoría del documento esto era bastante fácil de hacer y el texto que resultaba aparecía ser congruente. En vez de ver la Magdalena nombrada, al que lee se le presenta simplemente el discípulo masculino anónimo.

Quitando referencias a María Magdalena de la mayoría de la historia era fácil. Sin embargo, en el camino de su obra, el redactor fue enfrentado con un problema. La tradición que coloca a María Magdalena en el pie de la Cruz y en la Tumba Vacía en la mañana del Domingo era demasiado fuerte para negar. La presencia de la Magdalena en ambos de estos acontecimientos era conocimiento común entre la mayoría de las comunidades Cristianas tempranas. (Esto es evidenciada por el hecho que los otros tres Evangelios del Nuevo Testamento la colocan presente en estos acontecimientos.) El redactor no podía omitir facilmente cualquier referencia a la Magdalena en la Crucifixion o cualquier referencia a ella como testigo primario a la Resurrección. Sin embargo, el redactor todavía deseó establecer el Discípulo Amado como el fundador de su comunidad y como testigo ocular a estos acontecimientos importantes en la obra de la salvación. Así, él podría todavia mantener que el fundador de su comunidad era un testigo ocular a los acontecimientos en el Evangelio aunque él no puede inexplicablemente revelar su identidad (Juan 21:24).

A este punto, el redactor probablemente se hizo una pregunta muy similar a ésta: ¿Cómo puedo yo suprimir el conocimiento de María Magdalena como la fundadora de nuestra Comunidad sin ser tan obvio para quitarla de los cuentos de la Crucifixión/Resurrección, con cuales la mayoría de los Cristianos son ya familiares?

  La solución del redactor para este problema era realmente absolutamente simple. En esos dos acontecimientos donde él no podría negar la presencia de la Magdalena, él formulará de otra manera el texto para ser aparecer que María Magdalena y el Discípulo Amado son dos individuos distinto que aparecen simultáneamente en el mismo lugar, al mismo tiempo. Por consiguiente, María Magdalena y el Discípulo Amado masculino aparecen junto en el Cuarto Evangelio en solamente dos segmentos — 19:25-27 (en el pie de la Cruz) y 20:1-11 (en la Tumba Vacía en la mañana del Domingo). ¿No es esto interesante? Y es exacto en estos dos segmentos que encontramos algunas inconsistencias estructurales importantes dentro del texto del Cuarto Evangelio. Brown escribió sobre estas inconsistencias en ambos de estos segmentos. (Eso muestra que no me estoy imaginando inconsistencias en segmentos que tienen ninguno.) Notablemente, Brown no encuentra ningún tal defecto estructural en cualesquiera de los otros segmentos que contienen referencias al Discípulo Amado.

publicado diciembre 6, 2007 por danny

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